28 noviembre, 2011

La goleadora sin piernas, perdió sus extremidades por culpa de una meningitis, pero eso no le impide jugar al fútbol en el colegio


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Que tenga siete años y que sea admiradora del Arsenal no es motivo de sorpresa. Pero si decimos que Ellie Challis no tiene manos ni piernas, entonces cambia todo.

Comenzó de repente: una mañana se despertó con fiebre, pero con las extremidades frías. Sus padres la llevaron al hospital. En un primer momento, todo parecía funcionar bien, por lo que regresaron a casa. Pero la alarma se encendió de nuevo al descubrir tres manchas rojas que se multiplicaron con el paso del tiempo. La vuelta al hospital se hizo obligatoria.

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Su madre ya se lo imaginaba, por lo que el veredicto, aunque doloroso, le cayó menos de sorpresa: una meningitis que luego derivó en septicemia y que finalmente tuvo como consecuencia la amputación de brazos y piernas.

La vida de Ellie parecía acabada, pero su fuerza de voluntad y el cariño de su familia, en especial de su hermana melliza, la sacó adelante. Más aún, el respaldo de los habitantes de Little Clacton, Essex (Inglaterra), donde vive la familia, jugó un importante papel, sobre todo por el apoyo económico.

Desde entonces, hace ya cuatro años, Ellie utiliza prótesis para caminar. Al principio, se valía de unas piernas ortopédicas estándar, con las que la pequeña únicamente aguantaba una media de veinte minutos al día, pues le causaban un gran dolor. Finalmente, su pasión por el fútbol la ha ayudado a conseguir unas prótesis superlivianas, similares a las usadas por el atleta sudafricano Oscar Pistorius, que la permiten correr por el campo con total libertad y sin riesgo de lesión.

Su madre comenta con el brillo de la emoción que «no tiene ningún problema a la hora de jugar a fútbol y lo hace muy bien». Y su padre va aún más allá: «sus regates son espectaculares». 

Sea o no el cariño lo que lanzan estas afirmaciones, queda claro que la fuerza de voluntad de Ellie es única y que usa sus piernas ortopédicas con gracia y delicadeza. Y más increíble es verla jugar una vez por semana al fútbol. No sólo por la destreza de sus piernas, sino por la sonrisa que lleva pintada en el rostro.

18 noviembre, 2011



¿Hasta cuándo, Señor, te seguirás escondiendo?
¿Va a arder tu ira para siempre, como el fuego?
Salmos 89:46

Cuando el infortunio nos golpea, vemos las cosas con tanto pesimismo que hasta llegamos a pensar que nuestro amado Padre celestial se ha olvidado de nosotros o simplemente nos ha abandonado. La alegría y el gozo que produce su presencia en nuestras vidas dejan de ser las características principales del estado de ánimo que siempre nos acompaña y la depresión y la melancolía se apoderan de nuestro ser para hacernos decaer y afectar negativamente nuestros pensamientos. Parte del entrenamiento que debemos recibir para poder madurar en nuestra vida espiritual envuelve momentos de soledad y abandono. La idea no es que aprendamos a defendernos por nuestros propios medios sino que aprendamos a depender de Dios y sólo de él. En momentos así, nuestra tendencia será buscar una salida basados en nuestras propias experiencias y habilidades. Quizá esta respuesta natural de nuestro ser nos haya ayudado a salir de uno que otro problema en el pasado pero a medida de que nos toca enfrentar mayores retos y dificultades, nuestras fuerzas ya no serán suficientes para salir con éxito del asunto.

Aunque parezca que Dios te ha abandonado, él continúa a tu lado, muy cerca de ti. Aunque te parezca que Dios se ha olvidado de ti, él nunca te dejará de tu cuenta y te estará protegiendo de los muchos males que el enemigo lanza sobre ti. El propósito de la prueba es que salga lo mejor de tu corazón que Dios ha transformado para que responda adecuadamente a la adversidad. No permitas que la depresión te impida levantar la vista a quien te ha dado la vida física, la salvación y la vida eterna para esperar de él la respuesta que calme tus angustias. Sólo Dios puede ayudarte a salir del atolladero en que te encuentras. No pongas tu esperanzas en métodos, personas o filosofías. El único que es Todopoderoso es Dios, nuestro Señor Jesucristo. Sólo a él buscarás y sólo de él dependerás. ¡Sólo a Dios sea la gloria!