Cuando sus gobernantes sean lanzados
desde los despeñaderos,
sabrán que mis palabras eran bien intencionadas.
Y dirán: «Así como se dispersa la tierra
cuando en ella se abren surcos con el arado,
así se han dispersado nuestros huesos
a la orilla del sepulcro.»
Salmos 141:6-7
sabrán que mis palabras eran bien intencionadas.
Y dirán: «Así como se dispersa la tierra
cuando en ella se abren surcos con el arado,
así se han dispersado nuestros huesos
a la orilla del sepulcro.»
Salmos 141:6-7
Cuando quienes nos persiguen y nos atacan son
personas investidas con poder en virtud de los lugares de eminencia que
temporalmente ellos ocupan nuestra situación se torna un tanto más complicada.
El hecho de ostentar un título de gobernante no les da a estas personas ninguna
legitimidad para ejercer fechorías y las consecuencias por sus malos actos son
más exigentes y estrictas por haber ellos abusado del poder conferido. Plegarnos
a sus maldades implica renunciar a nuestros derechos y a la jurisdicción divina.
A pesar de su corta edad el pastor y salmista David conocía bien estas cosas y
en sus oraciones y alabanzas clamaba a Dios por mantenerse íntegro y apartado de
tan nefastos personajes.
¿Te hallas actualmente bajo el acoso de indignas
autoridades? ¿Corre tu vida peligro por el abuso de quienes utilizan el poder
para hacer daño? ¿No ves un respiro cercano?
David pudo vislumbrar el terrible futuro que le
esperaba a quienes lo persiguieron con saña y sin descanso. Él pudo ver el
sangriento destino de quienes injustificadamente lo habían condenado a muerte.
El futuro rey de Israel pudo percibir la merecida profanación de los mortales
restos de sus enemigos. Esta visión le ayudó a mantenerse íntegro y confiado en
su protector y refugio. Jesucristo es la roca fuerte que nos da la victoria
sobre quienes nos persiguen y él nunca nos dejará sin protección. Confía en él y
él actuará en tu defensa. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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