Trampa es consagrar algo sin pensarloy más tarde reconsiderar lo prometido.
Proverbios 20:25
Por no pensar las cosas con detenimiento antes de tomar decisiones muchos se han metido en graves problemas. También es cierto que muchos se han metido en dificultades por ser pusilánimes y por tardarse mucho en tomar una decisión o simplemente por no tomarla para nada. Muchos no se dan cuenta que no tomar una decisión también es una decisión. En todo caso, nuestras decisiones y como las tomamos son un fiel reflejo de nuestra personalidad, de nuestro carácter y de nuestro compromiso con el Señor. Toda decisión tiene una o más consecuencias. Por un lado debemos de ser cuidadosos de que decisiones tomamos pues luego tendremos que vivir con las consecuencias que resulten de ellas. Por otra parte, debemos asumir con valor las consecuencias que deriven de nuestras resoluciones, independientemente de la calidad de la resolución tomada. No puede ser buen testimonio personal el ignorar las responsabilidades y acuerdos con los que nos hemos comprometido.
Para tomar decisiones es necesario tener un buen conocimiento de los principios éticos que rigen nuestra existencia y nuestra relación con Dios. Si estamos en estrecho contacto con la palabra de Dios se nos hará fácil saber y entender cuales son estos principios a los que debemos apegarnos. Aún así, debemos tener la confianza y la fe en nuestro Señor para tomar con valentía esas resoluciones que pueden devenir en situaciones dolorosas o costosas, tanto más cuando como resultado de nuestro análisis nos damos cuenta de las implicaciones que ellas conllevan. Confiemos en nuestro Señor Jesucristo y en su palabra. Él es la verdad y la mejor fuente de dirección. Actuar de acuerdo a sus mandamientos siempre resultará en justicia. ¡Sólo a Dios sea la gloria!

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